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martes, 25 de marzo de 2014

LA REVELACIÓN DEL SAGRADO CORÁN - PARTE III



FACILITAR LA MEMORIZACIÓN Y COMPRENSIÓN DEL SAGRADO CORÁN

El Profeta – la paz sea con él – fue enviado a un pueblo idólatra y analfabeto que no conocía la escritura ni la lectura, como así nos informó Al·lâh Sagrado Corán:
“Él (Al·âh) es quien ha mandado a los gentiles un enviado salido de entre ellos, que les recita sus aleyas, les purifica y les enseña la escritura y la sabiduría. Antes estaban en un evidente extravío.”. (Sagrado Corán, 62: 2).
Si el Corán hubiese sido revelado de una sola vez, hubiera sido casi imposible el memorizar y el comprender al unísono las aleyas coránicas; por eso fue revelado gradualmente de forma fraccionada, para que de este modo, les fuera sencillo a los Compañeros (sahâbah) del Profeta su memorización. No olvidemos que los medios y los materiales que se tenía entonces para registrar por escrito la revelación no estaban al alcance de todos y no todos sabían leer ni escribir.
Los Compañeros seguían la revelación del Corán paso a paso; memorizaban las aleyas y, cuando comprendían el sentido de las mismas, las aplicaban a su vida diaria y, no pasaban a memorizar otras aleyas hasta que las que habían aprendido en último lugar eran plasmadas en la realidad en actos palpables y visibles. Del mismo modo, los Seguidores (tâbi´în) tomaron el mismo método para enseñar y comprender el Corán a las siguientes generaciones. Cuenta Abu Nad´rah que Abu Sa´îd al-Judrî: "[el Profeta] nos enseñaba cinco aleyas por la mañana y cinco aleyas por la tarde. Y nos informó que Gabriel, -la paz sea con él-, revelaba el Corán -con permiso de Al·lâh-, de cinco en cinco aleyas al Profeta".

LA PAULATINIDAD EN LA LEGISLACIÓN

El Islam vino a una sociedad llena de vicios y depravaciones. Al·lâh, conocedor de la esencia de sus siervos, decidió y decretó que los preceptos, a través de la revelación divina, -ya fuera por medio del Corán o por la tradición profética-, no fuesen transmitidos todos de una sola vez, sino que fueran revelados de manera paulatina, para que así, la nueva comunidad islámica que había comenzado a surgir en la ciudad de la Meca pudiera ir interiorizando y manifestando la práctica de esa nueva consciencia espiritual en la que consiste el Islam.
A lo largo del profetismo del mensajero Mujámmad – la paz sea con él –, observamos como Al·lâh, antes de transmitir el precepto final sobre algún asunto de su legislación revelada, fue ordenando paulatinamente a los musulmanes, pasos concretos y variados, hasta la llegada del precepto que ordenase, de forma definitiva, la prohibición de ciertos asuntos o la obligatoriedad de llevar a cabo ciertos otros. Esto es lo que nuestros eruditos llamaron la paulatinidad en la legislación. Es decir, como Al·lâh fue revelando preceptos de manera especial, para que los musulmanes fuesen alejándose de ciertos asuntos, que a la larga serían proclamados como ilícitos por Al·lâh, de una forma gradual, conforme a la adaptabilidad de sus siervos.
Es así como encontramos muchos ejemplos en la vida de los musulmanes de la Meca, por ejemplo la zalá (as·salâh), -a la que estaban y siguen estando todos los musulmanes obligados-, antes de la emigración a Medina y, - más concretamente, antes de que el Profeta realizara por la gracia de su Señor, el viaje nocturno y la ascensión a los cielos y el descenso a los infiernos-, consistía en dos unidades de azalá (raka´atain) por la mañana y dos unidades de azalá por la noche. Sobre el asunto del viaje nocturno (al·isrâ) y la ascensión a los cielos (al·mi´râÿ), a parte de su mención en el Corán:
“Gloria a Quien hizo viajar a su siervo (Muhammad) de noche, desde la mezquita sagrada (en la Meca) a la mezquita lejana (en Jerusalén), cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos!”. (Sagrado Corán, 17: 1)
Nos han llegado muchos relatos transmitidos por el Profeta sobre este suceso. De entre ellos, extraemos una pequeña parte del bellísimo y extraordinario acontecimiento del viaje nocturno y la ascensión, fragmento que refleja el momento en el que Al·lâh, -alabado y ensalzado sea-, ordena al profeta Mujámmad el precepto de la zalá obligatoria cinco veces al día:

"… Tras el encuentro del Profeta Mujámmad con su Señor en el último cielo, el Profeta descendió hasta encontrarse con Moisés (Mûsâ) que preguntó al profeta Mujámmad:
- ¿Qué es lo que te ha prescrito tu Señor?, pregunto Moisés.
- Ha prescrito a mi comunidad, -es decir, los musulmanes-, cincuenta zalás diarias.
- Vuelve a tu Señor -dijo Moisés- y pídele que reduzca su número, ya que tu comunidad no podrá soportar cincuenta zalás diarias. Vuelve y pídele a tu Señor que las reduzca.
"Así, -dijo el profeta Mujámmad-, volví a mi Señor y le pedí que redujera el número de zalás, las cuales, tras mi petición fueron reducidas a cuarenta. Y al descender volví a encontrarme con Moisés el cual me volvió a preguntar":
- ¿Qué es lo que te ha ordenado tu Señor?
- Redujo el número de zalás diarias a cuarenta.
- Vuelve a tu Señor, otra vez, y pídele que las reduzca, ya que tu comunidad no podrá soportar cuarenta zalás diarias.
"Así, -dijo el profeta Mujámmad-, volví a mi Señor y, tras mi petición, las volvió a reducir. Esta vez a treinta zalás diarias. Me encontré con Moisés de nuevo y me dijo lo mismo y, cada vez que me encontraba con mi Señor y le pedía que las redujera, las iba restando de diez en diez zalás. Hasta que fueron reducidas a cinco. Volví a encontrarme con Moisés y me dijo lo mismo que me decía en cada ocasión que me encontró con él. Pero esta vez no volví a mi Señor y le dije a Moisés":
- No quiero volver, ya que me avergonzaría de pedirle otra vez para que las reduzca a menos de cinco.

Así, es como se le fue ordenado a nuestro Profeta, -la paz y las bendiciones de Al·lâh sean con él-, cincuenta zalás diarias, las cuales, fueron reducidas por misericordia de Al·lâh para con los musulmanes a cinco únicas zalás. Además, las cinco zalás que llevan a cabo los musulmanes a lo largo del día, tienen la recompensa de las cincuenta zalás primeramente establecidas. De este modo, vemos como a partir del viaje nocturno fueron establecidas, definitivamente, las cinco zalás diarias obligatorias para todo musulmán.

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