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jueves, 1 de mayo de 2014

LOS MESES SAGRADOS - EL MES DE RAYAB



Acabamos de entrar en uno de los meses sagrados; el mes de Raÿab.


Los cuatro meses sagrados, tal y como han venido mencionados en los jadices fidedignos, son cuatro: Dul·Qa‘adah, el mes de la peregrinación (Dul·Hiÿÿah), el mes de Mujarram y el mes de Raÿab. En uno de esos jadices, el Profeta Mujámmad – la paz y las bendiciones sean con él – dijo: “El año se compone de doce meses. De ellos, cuatro son sagrados y, tres, van seguidos: Dul·Qa‘adah, el mes de la peregrinación (Dul·Hiÿÿah) y el mes de Mujarram. 


También encontramos la siguiente aleya del Corán: “Ciertamente, el cómputo de los meses es doce, en un Registro (kitâb) de Al·lâh el día en que creó los cielos y la tierra. De esos meses, cuatro son sagrados. Este es el din recto. Por ello, no seáis injustos con vosotros mismos en estos meses”. (Sura “la penitencia”: 36).

Dijo Ibnu Kazîr (un reconocido exegeta del Corán) comentando esta aleya lo siguiente: “Cuando Al·lâh dice: (No seáis injustos con vosotros mismos en estos meses), quiso enseñarnos que, cualquier falta o pecado que cometamos en estos meses, tiene más repercusión que en otros meses, del mismo modo que los pecados y las faltas cometidas en las tierras sagradas (Meca, Medina y Jerusalén) también se acrecientan. […] Cuenta Ibnu Qatâdah lo siguiente: “La injusticia cometida en los meses sagrados tiene más repercusión y mayor condena por parte de Al·lâh que en el resto de los meses del año. Aunque, de todos modos, cualquier práctica de injusticia es un pecado capital. Pero Al·lâh – ensalzado sea – enaltece lo que él desea”.  

Dijo el imam Alqurtubï: “Al·lâh – alabado sea – cuando enaltece algo, esta cosa deviene sacra en sí misma. Y, cuando enaltece algo en varios aspectos, esa cosa en sí misma, deviene sacra en varios aspectos igualmente. Así, el castigo se duplica con la mala obra y la recompensa se duplica cuando se realiza la buena obra. Y quien obedece a Al·lâh en los meses sagrados y en las tierras sagradas no es igual que quien obedece a Al·lâh en el resto de meses y en otros lugares [en lo concerniente a la recompensa de las obras]”.



Por ello, aprovechemos este tiempo de sacralidad, no sólo para hacer obras de bien – algo que debería ser propio de todo musulmán, allá donde se encuentre – sino también para prepararnos espiritualmente para recibir el mes que, en poco tiempo, llegará a nosotros: el mes de Ramadán.

Que Al·lâh nos ayude, nos ilumine, nos conceda visión para ver nuestros defectos, y nos otorgue la suficiente humildad para reconocerlos y la fuerza para arreglarlos.

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