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martes, 14 de abril de 2015

TODAS LAS TRADUCCIONES DEL CORÁN EN ESPAÑOL - RECOPILATORIO

He querido hacer una recopilación para tod@s vosotr@s sobre las traducciones realizadas del Sagrado Corán a la lengua española.
Existen más traducciones de lo que la gente suele pensar. Por ello, he querido recoger las traducciones más conocidas con algunos enlaces para que podáis visualizar algunas de esas traducciones. Al final hay un enlace sobre artículos realizados sobre todas las traducciones realizadas hasta el año 2005.

Espero que os sea provechoso.


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MUHAMMAD BEN IBRAHIM (1606). ALCORÁN EN LETRA DE CRISTIANOS. VERSIÓN ALJAMIADA EN CARACTERES LATINOS. (MORISCO).

http://www.boneslletres.cat/publicacions/Altres_publicacions/b27170251_1%20de%202.pdf

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AHMED ABBOUD Y RAFAEL CASTELLANOS

http://ia600705.us.archive.org/9/items/ElCoranTraducidoPorAbboud/coran.pdf























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RAFAEL CANSINOS ASSENS (1951)






















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JUAN VERNET, (EDICIONES 1953 y 1963)





















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JULIO CORTÉS (1979)


















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ÁLVARO MACHORDOM COMINS (1980)






















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ABDELGHANI MELARA NAVIO (1994)























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KAMEL MUSTAFA HALLK (1998)























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ABDURRAZAK PÉREZ (2001)























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MIKEL DE EPALZA (2002) - (EN CATALÁN)













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ABDUL QÁDER MOUHEDDINE Y SIRHAN ALI SÁNCHEZ (2004)























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VICTOR CORLEONE PALUCCI

http://es.slideshare.net/victorcorleonepalucci/coran-el-mahoma?related=1

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RAÚL GONZÁLEZ BÓRNEZ (2006)



















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TANER DEMIRCI LÓPEZ (2015)
























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BAHIGE MULLA HUECH, MARCIANO VILLANUEVA SALAS Y ALBERTO CASTRO CHICHARRO (2004).











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ZAKARIYA MAZA (2005) 'TOMO 1 Y 10'






















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DIONISIO AMUNDARAIN E IÑAKI UGARTE (EUSKERA) - (2007)

http://gurekorana.blogspot.com.es/























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INTERNATIONAL ISLAMIC PUBLISHING HOUSE 























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MUHAMMAD ISA GARCÍA (2014)
























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EL CORÁN Y SUS TRADUCCIONES PROPUESTAS – MIKEL DE EPALZA - LIBRO


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BIBLIOGRAFÍA SOBRE LAS TRADUCCIONES DEL ALCORÁN EN EL ÁMBITO HISPANO – ARTÍCULO


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ESPERO QUE OS SEA PROVECHOSO. NO ME OLVIDÉIS EN VUESTRAS SÚPLICAS. SALAM.

martes, 24 de marzo de 2015

NOSOTROS Y EL PROFETA MUJÁMMAD (reflexión - parte I)

أنَّمَا مَثّلُوا صفَاتكَ للنّاس كَمَا مَثَّلَ النُّجومَ المَاءُ
La prudencia y la ponderación son dos virtudes fundamentales para todo musulmán. 
Por ello, no he querido escribir estas palabras hasta que hubiese pasado un tiempo tras los hechos acaecidos en París y por todos conocidos.
El profeta Mujámmad - la paz y las bendiciones sean con él - fue el último de los mensajeros enviados por Al·lâh a la Humanidad y nuestro modelo y ejemplo a seguir en todos los aspectos de nuestra vida, sobre todo en el ético y el espiritual, pues ambas dimensiones configuran el 'ser' musulmán.
El profeta Mujámmad fue objeto de multitud de tropelías, atropellos, insultos, vilipendios, vejaciones, agresiones e, incluso, amenazas de muerte, hecho éste, último, que le obligó a buscar refugio en otros lugares fuera de su amada Meca, hasta que Al·lâh le dio la apertura y le concedió el amor y el cariño de la gente de Yazrib - posteriormente llamada Medina - que le acogió con los brazos abiertos.
Y, durante aquellos momentos tan difíciles, el Corán - la palabra de Dios - siempre le instaba a la paciencia. Son muchas las aleyas que siempre recomendaban e insistían al Profeta el armarse de paciencia y perseverancia. "Sé paciente, pues la promesa de Al·lâh es cierta" (sura 'los bizantinos': 60). Y dice el Corán: (Y sé paciente, tal y como lo fueron los profetas resueltos [Noé, Moisés, Abraham y Jesús]"(sura 'las dunas': 35).
Al·lâh podía haber lanzado su castigo contra la gente de Meca y acabar con ellos en cualquier momento. Sin embargo, Al·lâh quiso enseñar a su Profeta y a nosotros, cuáles deben ser las pautas éticas y espirituales que el musulmán debe aprender y, consecuentemente, aplicar. No para saber llevar una situación, sino para educar y desarrollar una serie de virtudes éticas y espirituales concretas y que sin las cuales, un musulmán queda discapacitado para poder afrontar las pruebas de la vida; pruebas que, en algunas ocasiones, pueden llegar a ser realmente duras y que, sin esa educación, una persona se encuentra en muchas ocasiones incapaz y desorientado.
 El profeta Mujámmad – la paz y las bendiciones sean con él – pues, es, por imperativo coránico, el modelo que debe seguir todo aquel que cree en Al·lâh – ensalzado sea – y encontrarse con él el día del Juicio.
Cuando una revista publica una o varias caricaturas en las que se pretende – aunque no lo consiguen, por mucho que lo intenten – ofender y malsinar la imagen de nuestro amado Profeta, nosotros, como musulmanes, dejamos bastante que desear respecto a nuestras reacciones.
Primero, no sabemos evaluar estos casos de manera correcta ni otorgarles el verdadero valor que se merecen. ¿Que buscan la provocación…? Por supuesto. ¿Y qué podríamos esperar de gente de tal catadura moral? ¿Acaso no nos damos cuenta que, en muchos casos, se trata de personas que únicamente desean dar rienda suelta a sus más miserables instintos, apelando a la ‘la libertad de expresión’, para poder vomitar sus desvaríos mentales?
Ante estos casos, la razón debe ser la que gobierne nuestros sentimientos. Y, aunque no tengamos la capacidad de controlar las circunstancias, no podemos permitir que éstas nos controlen a nosotros. Tenemos que saber ponderar cada situación conforme a aquellos valores a los que decimos adscribimos y defendemos con convicción. Si ello hacemos, no cabe duda de que estaremos, éticamente hablando, muy por encima de dichas personas.
Sin embargo, nuestras reacciones suelen relegarnos a niveles indeseados e impropios de quienes aspiran a vivir conforme a unos principios éticos elevados. Y, desgraciadamente, solemos reaccionar, si no con la misma moneda, sí con formas y modos inoportunos e improcedentes.
Ello se debe a dos causas fundamentales: la primera, nuestra ignorancia – a veces supina – respecto a los valores que nos nuestro din predica; y, segundo, el actuar movidos por las directrices de las pasiones de nuestro ego; que, en la mayoría de las ocasiones, hace que confundamos el sentimiento puro con el sentimentalismo ilusorio. ¡¿Cómo podemos concebir que cuatro garabatos realizados por un chiflado puedan, ni por lo más mínimo, ensuciar el sublime y elevado rango ético y moral de nuestro Profeta?! ¡No, por Al·lâh que no!
Alguien podría aducir: ‘Esas publicaciones insultan y menosprecian a lo que más amamos de este mundo. ¿Acaso no debemos de actuar frente a ello?’.
Y yo preguntó: ¿Acaso esta gente se merece que la dediquemos ni un minuto de nuestro preciado tiempo? Si dichas publicaciones llegan a tener algún tipo de relevancia, no es más que por la desorbitada reacción que tenemos cuando esto sucede Nosotros, como comunidad, recibimos a diario infinidad de ofensas, injurias e insultos. Y, como dice el Corán: “lo que encierran sus corazones es aún peor”. Sin embargo, tal y como he dicho, nuestra referencia ética no debe ser nunca nuestro ego, sino aquella dispuesta por nuestro Señor y practicada por su Mensajero.
Lo que debemos cuestionarnos es lo siguiente: ¿qué es lo que nos aconseja y dicta el Islam, nuestro din, ante esta situación? Pues aquello mismo con lo que, en su día, Al·lâh mismo exhortó a su amado Profeta cuando éste fue objeto de injurias y calumnias de todo tipo. Al·lâh se dirigió a su querido Mensajero y le dijo: ‘Haz caso omiso de sus ofensas y encomiéndate a Al·lâh. Al·lâh basta como protector”. (Sura 33 ‘los coaligados’: 48).
Siendo musulmanes, es decir, personas que aspiran a realizarse siguiendo un modelo ético sinigual, no podemos – ni debemos – actuar de cualquier manera, ni, mucho menos, dejarnos llevar por nuestros instintos más básicos, pues ello es contrario a las enseñanzas que decimos seguir y practicar. Nuestra actitud, en sí misma, es – o debería ser – reflejo de nuestra espiritualidad. El Islam nos ha enseñado que, en todo momento y en todo lugar, las mismas situaciones que pueden alcanzar un nivel de dureza y complejidad alto, nos exigen una coherencia ética íntegra, con la intención, siempre, de alcanzar y realizar la excelencia. ¿Es duro? Sin duda. Pero esa es nuestra meta y eso es lo que se nos exige.
Al·lâh mismo, aun a pesar del amor que tenía – y tiene – por su Profeta, en honor a la verdad y para demostrar el nivel moral de Mujámmad frente a las afrentes que éste recibía por parte de su propia gente e, incluso, de su propia familia – no lo olvidemos – citó en el Corán los calificativos negativos que éstos le proferían, como que era un loco, un embustero, un hechicero, un falsario, un embaucador, etc.
¿Qué interés merece, pues, por nuestra parte, gente que no rige su vida por el más mínimo parámetro ético, y que, además, se gana la vida a base de burlarse y mofarse de los demás y, además, lo hacen apelando a la libertad de expresión?

Si somos fundamentales en nuestros propios principios, lo que debemos desear para esta gente – y para el resto del mundo – es lo mejor, por imperativo coránico mismo. Pues tal y como dice Al·lâh en el Corán dirigiéndose a su amado Profeta: ‘No te hemos enviado sino como misericordia para todo el mundo’.

viernes, 27 de febrero de 2015

ISLAMOFOBIA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y MOVIMIENTOS ISLAMOIDES

“ISLAMOFOBIA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y MOVIMIENTOS ISLAMOIDES”

El imam Vicente Mota (Mansur)
licenciado en ciencias islámicas y experto en teleología islámica.

                             Madrid, 25-2-2015
       
Antes de comenzar sería preciso indicar un asunto importante y que, además, tiene relación con la profesión que la mayoría de ustedes van a desempeñar. Primero, debemos enmarcarnos en nuestro contexto político y social para concretar nuestro discurso y nuestras ideas.

         La información o el producto periodístico, es decir, las noticias transmitidas a través de los medios de comunicación en Europa, más que la búsqueda de un conocimiento profundo y real de un fenómeno, refleja aquello que, supuestamente, es de interés y preocupación del mundo occidental respecto, en este caso concreto, al mundo islámico. Es decir, el producto periodístico ofrecido por bastantes medios de comunicación, es el resultado de la puesta en práctica de unas artes que enseñan cuál es el suceso que debe transmitirse y, sobre todo, el cómo; no con el fin de aproximar el suceso real por medio del análisis de las partes que conforman el todo del mismo, sino con el fin de configurar y fortalecer una determinada opinión pública, por muchos y muy diversos intereses.
         Estos ecos o reflejos son los que configuran el imaginario colectivo que una población concreta – en este caso la europea – puede tener respecto al Islam. Por desgracia – y hablando concretamente del fenómeno de la islamofobia –, ese imaginario que existe en el ciudadano medio respecto a lo que el Islam es, no es más que un concepto confuso y etéreo, y muy alejado de lo que realmente este representa.
         No se trata, pues, de encontrarse frente a la disyuntiva de la celeridad – genética en sí misma – exigida en la cobertura de un suceso y, por otro, el análisis que, entre otras cosas, precisa de tiempo, estudio y reflexión; algo de lo que, desafortunadamente, adolece en muchas ocasiones el producto informativo. No. Debemos percatarnos que existen medios de comunicación –que no dejan de ser herramientas de empresas y corporaciones – que tienen un perfil determinado y que, el medio utilizado – ya sea la televisión, la radio o la prensa –, se presenta como el útil que está al servicio de unos intereses.
         Por lo tanto, el quid de la cuestión no radica en la cobertura de un suceso en concreto con más o menos acierto analítico, sino de aquello que una empresa elige para que sea ‘noticia’ y, sobre todo, cómo presentarlo en beneficio de los intereses que ese medio representa; aunque, en ese propósito, se falte a la verdad y se manipulen hechos reales.

         Démonos cuenta que la islamofobia – como fenómeno ideológico –, en gran parte, no viene generada por una relación personal de un individuo respecto a una experiencia negativa que haya podido tener con los musulmanes o el mundo musulmán, sino que, más bien, es ese producto periodístico relacionado con lo ‘islámico’ que transmiten algunos medios de comunicación, el que va configurando ese imaginario que va instalándose en el subconsciente social.
         Por ello, tal y como indica algunos sociólogos, las agresiones y asesinatos islamófobos contra individuos de confesión musulmana que se han producido en sociedades occidentales, vienen, en muchos casos, dados por este producto que deja su huella en el imaginario colectivo.
         Tal es el caso de lo ocurrido –hace unas semanas en el barrio de Chapell Hill, en la localidad de Carolina del Norte en EE.UU., con el asesinato a manos de un terrorista ideológico que acabó con la vida de tres musulmanes miembros de una misma familia.

         Es cierto que algunos individuos – entre ellos musulmanes – dejan mucho que desear en cuanto su actitud y sus modales, deviniendo, en algunas ocasiones, los peores embajadores que el Islam puede tener. Sin embargo, esto es un asunto y, otro bien diferente, la hipotética experiencia que haya podido generar en una persona un sentimiento de odio y desprecio tal, como para incitarla a tomar la decisión de acabar con la vida de otras personas, y que, según le aporta ese imaginario, considera una amenaza para la sociedad.


SOBRE EL ESTUDIO DEL ISLAM

          Si queremos adentrarnos en el estudio de lo que realmente representa el Islam y su civilización, no debemos olvidar que nos hallamos ante una antropología distinta, alógena a la occidental; por lo tanto, tendremos que conocer, a priori, sus presupuestos antropológicos, su modo de concebir el mundo y sus principios ontológicos.

-         El Islam podría definirse como:

§  un sistema ético-moral-global cuyos fines se resumen en promover el bien, la justicia y la virtud, y erradicar la injusticia, el mal y la depravación. Todo aquel que dice ser musulmán, está obligado a esforzarse –a través de la práctica del Islam– para purificar su ego, su mente y su espíritu y, así, poder alcanzar la excelencia (ihsân) en cada uno de estos niveles. Cuando ello hace –o, por lo menos, lo intenta–, es cuando deviene un siervo (‘abd) de Dios y un regente (jalîfah) suyo en este mundo.

         El Islam es un sistema ético, pues ostenta una serie de principios, valores y presupuestos que interaccionan entre sí con el fin de materializar una serie de fines muy concretos. Estos fines y otras disposiciones vienen recogidos en la disciplina conocida como ‘la teleología de la jurisprudencia (ŝarî‘ah) islámica’, y son los siguientes:

o   La salvaguarda de la ideología o la creencia de toda persona.
o   La salvaguarda de la vida humana.
o   La salvaguarda de la dignidad de la persona.
o   La salvaguarda del intelecto.
o   La salvaguarda del capital o la hacienda.

        Y es moral, porque emite juicios de valor conforme a sus disposiciones éticas.

         El Islam busca la educación del individuo para que éste pase a ser un sujeto moral capaz de un perfeccionamiento ético continuo, cuyo método lo configura está formado por el sistema de ideas, principios y de actuación que proporciona el propio Islam en su doctrina teórica y en sus prescripciones.

         Y es global, pues comprende y abarca todas las dimensiones de la vida del ser humano y no una única esfera. Algo que, desde alguna posición, no se comprende pues se considera como una intromisión divina a ese albedrío dispuesto en el ser humano que, supuestamente, goza de libertad.

         Si el Islam enseña esta forma global de concebir la existencia, es por un mero hecho coherencia ética, ya que esa consciencia y actitud trascendente en el ser humano debe manifestarse en todas las esferas de su vida, ya que sería poco ético –valga la redundancia– mantener esa actitud en una esfera y no en otras.
        
         Así pues, todo aquel que se dice ser musulmán y se reconoce como tal sometiéndose voluntariamente a los designios de Dios, es cuando deviene ese regente o califa.

         Veamos, pues, la referencia coránica respecto a este concepto. Dice el Corán: “Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: ‘voy a disponer un regente (jalîfah) en la Tierra’. Ellos preguntaron: ‘¿Acaso vas a disponer en ella a alguien que la corrompa y derrame la sangre, siendo que nosotros te glorificamos y proclamamos tu santidad?’. Entonces, Al·lâh respondió: ‘Yo sé lo que vosotros no sabéis”. (2: 30).

        Ahora bien, no estamos hablando de un individuo político, sino un ser obligado a dar respuesta a su propia consciencia ética y, con ello, adoptar una actitud moral, –que no puritana, como se podría entender– consecuente y coherente consigo mismo y, por consiguiente, con el resto de sus congéneres humanos.
         Ese jalifa, pues, es un regente portador de unos valores que debe llevar a la práctica para devenir, realmente, un regente de Dios, pero, sobre todo, debe dar a conocer dichos valores dándoles corporeidad a través de su obra y su actitud.
        
         Como hemos dicho, esa actitud ética a la que el Islam invita al ser humano, es voluntaria y, nunca, puede ser exigida a nadie. El Islam no permite ningún tipo de coerción en materia de pensamiento o de confesión, tal y como dice el Corán: “No hay coacción en materia de dîn”. (2: 256). El término dîn no queda restringido a lo que, desde la cultura occidental se entiende como religión, sino que abarca otra serie de conceptos: como la ideología, el modo de vida de una persona, su pensamiento, etc.
         Tampoco existe argumentación legítima alguna que sostenga aquella perversa falacia que afirma que un hipotético advenimiento de cualquier gobierno islámico, supondría la instauración de un régimen totalitario que impondría a todo el mundo la conversión al Islam o, de lo contrario, su expulsión o su ejecución. Todo, claro está, bajo la batuta abominable de la ŝarî‘ah, tal y como se suele afirmar.

         Aparte de la aclaración, debemos decir que los fundamentos jurídicos y legislativos del Islam no han establecido un régimen político único y estandarizado de obligada instauración en todo momento y lugar. Lo que existe y que sí es de obligado cumplimiento, es la instauración y la protección de unos principios universales que, incluso, el musulmán, debe defender y apoyar aunque estén amparados por instituciones que no sean islámicas o personas que practiquen alguna otra confesión religiosa diferente al Islam o, simplemente, no profesen ninguna.


QUÉ ES LA ŜARΑAH

         La ŝarî‘ah constituye los principios y valores generales apuntados en la Revelación del texto coránico junto a la interpretación que el Profeta hacía del mismo y la práctica que se seguía de ello. Estas líneas generales tienen un carácter inmutable e inapelable. Estos principios y valores generales vienen enmarcados en las siguientes manifestaciones:

§  La ética
§  La moral
§  La espiritualidad

         Ciertamente, es irrisorio – por no decir vergonzoso e indignante – el concepto que muchos periodistas e intelectuales occidentales tienen respecto a lo que realmente es la ŝarî‘ah, exponiéndola como el sistema jurídico-político por el que se rigen los musulmanes de todo tiempo y lugar, y que, por imperativo divino, todo el mundo – musulmán o no – debe aplicar y/o se le debe aplicar. Los musulmanes vendrían a ser, pues, una suerte de verdugos al servicio de la implantación de este sistema utilizando para ello la violencia y la fuerza sin contemplación ni miramiento alguno.

         Y, en cuanto al concepto de la ŝarî‘ah, quisiera presentarles un argumento fehaciente que tira por tierra ese concepto tan absurdo que existe en torno a este término. Por muy increíble que les pueda parecer, no existen libros de ŝarî‘ah. Les comento esto pues cuando cierta gente habla sobre la ŝarî‘ah, uno puede llegar a pensar que ésta se comprende en una obra de ciertos volúmenes – a modo de una enciclopedia Larousse – y que, vendría a ser, aquel ente jurídico monolítico que debe ser aplicado a toda cost
.
         La ŝarî‘ah comprende ese sistema global que busca la implantación, a través de unas estructuras dispuestas por la propia sociedad, de principios de común denominador a la disposición moral del ser humano, como la justicia, la igualdad, la equidad, y la erradicación de la injusticia, la depravación y el vicio. En definitiva, una sociedad regida en base a los principios indefectibles de la teleología que preconiza y defiende el Islam.

         Por lo tanto, el Islam no busca la instauración de un califato ni, de tan siquiera, un régimen político, sino la educación y la formación de un individuo ético.    Por ello, el ser humano, en sí mismo, es lo fundamental, el sujeto trascendente; y lo contingente, es aquellos sistemas políticos y sociales que el colectivo humano elija para materializar y realizar esos fines. Y, eso, concretamente, es lo que nos transmite la esencia del mensaje del Islam y la sunna del profeta Mujámmad – la paz y las bendiciones sean con él – como maestro, guía y educador espiritual.



QUÉ SON ESTOS INDIVIDUOS

         Créanme, que no hay nadie en el mundo más interesado que los propios musulmanes por saber quiénes son estos salvajes y energúmenos y, sobre todo, quiénes están orquestando este circo de la sinrazón y la demencia.
         Lo que sí podemos decir, es que nos encontramos frente un grupúsculo de bárbaros y mercenarios que se dicen musulmanes, pero que sus obras les alienan de aquello a lo que dicen pertenecer e, incluso, defender.

         Algunos podrían pensar que nos encontramos ante un fenómeno de teología política, es decir, ante un movimiento que desea imponer su religión y politizarla imponiendo un califato semejante, como vilmente predican, al que en su día instauró el propio profeta del Islam y, consecuentemente, gozoso de una legitimidad prácticamente divina.
         Sin embargo, nos encontramos ante un fenómeno de ideología totalitaria, pues, por muchos estandartes que puedan ondear con el lema más sagrado del Islam, sus actos les sitúan en una posición antagónica respecto a lo que realmente éste estipula y representa.
          Son tan ridículos, que a pesar de su puritanismo y de su supuesto aferro y literalidad a los textos del Islam, contradicen incluso sus propios postulados. Algo que denota, de manera fehaciente, los oscuros móviles por los que se mueven y actúan. Un ejemplo muy sencillo y palpable, lo encontramos en esas banderas que se han diseñado con el lema de la unicidad de Al·lâh y el profetismo de nuestro amado Mujámmad: ‘lâ ilâha il·lâ Al·lâh – Muhammad rasûl Al·lâh’ (لا إله إلا الله – محمد رسول الله).
          Lo comento, porque existe un jadiz fidedigno transmitido por el imam Albujârî donde el profeta Mujámmad dijo: “Me he procurado un anillo de plata y he grabado en él ‘Mujámmad es el mensajero de Al·lâh’. Por ello, que nadie grabe algo como lo que yo he grabado”. Y aunque pudiese existir alguna que otra interpretación sobre este texto, lo que sí es irrefutable es que, por interpretaciones y hermenéuticas mucho más discutibles – incluso la mayoría de ellas sin ningún tipo de base –, esta gente legitima el asesinato y el derrame de sangre gratuito y bárbaro. Algo que, sin duda, responde a su supina ignorancia y su descomunal soberbia y arrogancia.

         Estos individuos, como he dicho, pretenden venderse ante el resto del mundo – musulmanes y no musulmanes – como un grupo legitimado por la autoridad divina, última e indiscutible, para conformar – aun truncando los principios más fundamentales del Islam – una determinada comunidad político-militar dotada de la consistencia y la unidad suficientes para hacer frente a enemigos internos y externos. 
         
          Ya que nos encontramos en un espacio de erudición que exige de nosotros presupuestos académicos con propiedad y rigor, debemos otorgar a éste – y otros fenómenos similares – una nomenclatura que se ajuste a lo que realmente son y no a lo que ellos predican ser.
          Yo, personalmente, considero estas corrientes fanáticas y violentas que actúan impíamente en nombre de una religión que siguen más de mil trescientos millones de personas en el mundo, como:

“MOVIMIENTOS RADICALES ISLAMOIDES”.

        Es decir, grupos intransigentes – desde esa acepción de la RAE del concepto ‘radical’ – que, aunque dicen pertenecer o actuar conforme a unos postulados islámicos fidedignos, no dejan de ser sino un aberrante esperpento del que, los propios musulmanes, sentimos animadversión. Y que, además, no dejan de ser un ente maléfico que por ese sufijo 'oide' únicamente representan un tétrico y carnavalesco folclorismo que no atiende a ningún tipo de mínimo rigor islámico.


LA CONSTITUCIÓN DE MEDINA

No vamos a detallar todo lo que hizo el profeta Mujámmad cuando llegó a la ciudad de Medina, donde se conoce y reconoce la primera instauración de un gobierno-estado regido por el Islam. Pero si quisiera exponerles un hecho destacado a nivel político que realizó el Profeta como gobernante – o califa si se quiere utilizar ese término – cuando llegó a la ciudad de que le acogió. Uno de las iniciativas que llevó a cabo el Profeta su arribada, fue impulsar un pacto político con todas las personas que vivían en Medina y en su periferia. Este pacto fue conocido a posteriori como la ‘constitución de Medina’.

Si me lo permiten, quisiera leerles un apartado de este pacto para que, así, conozcan de primera mano un argumento histórico y fehaciente de lo que representó realmente la ciudad-estado de Medina y el papel del profeta del Islam como político.
También lo hago para demostrar a aquellas personas ignorantes y/o interesadas, que suelen opinar falazmente, afirmando que en el momento en que Mujámmad llegó a Medina y tomó el poder, aprovechó su posición de fuerza y autoridad para acabar con las otras comunidades minoritarias, como por ejemplo, las pequeñas tribus judías que vivían en Medina y en lugares colindantes a ésta.
Esto, como vamos a demostrar, es totalmente falso. Además, debemos recalcar, que los únicos conflictos que se dieron entre los musulmanes como comunidad y algunas tribus judías, se debieron a asuntos meramente políticos y no religiosos.


o   Artículos del 25 al 35 [sintetizado] – Las tribus judías de los Banû ‘Auf, los Banû Annaÿÿâr, los Banû Alhâriz, los Banû Sa‘îdah, los Banû Ÿasm, los Banû Ta’labah, los Banû Alaus, los Banû Yâfanah, sus aliados, sus clientes comerciales y sus propias personas, conforman una única comunidad (ummah) junto con los creyentes musulmanes. Los judíos tienen su religión y los musulmanes la suya, [y a nadie se le pedirá cuentas] a excepción de quien obre con injusticia o cometa una transgresión.

domingo, 18 de enero de 2015

ESCLAVITUD ÉTICA, DICTADURA MORAL E HIPOCRESÍA. (PRIMERA PARTE)

Hace ya tiempo que venía rondando por mi cabeza la idea de la redacción de un trabajo sobre la presencia y la ausencia de la ética y la moral en nuestra sociedad, acompañado de un análisis – que no un examen – sobre el valor otorgado a estos principios por parte de los individuos.
No hace falta profundizar analíticamente mucho para darse cuenta de la gran cantidad de incoherencias e incongruencias que se manifiestan a diestro y siniestro en la sociedad respecto a la valoración ética y moral de muchos aconteceres públicos, a diferentes niveles y estamentos de nuestra sociedad.
Primero, ética y moral no son lo mismo, aunque ambos términos son concomitantes. La ética es el estudio y el análisis filosófico sobre la moral, la virtud, el deber y la felicidad – entre otras cosas. Y, la moral, consiste en la emisión de juicios de valor basados en unos principios y valores éticos; y, más concretamente, en juicios que se traducen en una serie de reglas y normas para regir el comportamiento y la conducta del ser humano con el resto de sus congéneres.

El término ‘libertad’ circula en boca de muchas personas, pero, desgraciadamente, muy poca gente conoce el verdadero significado de este término y suele, en la mayoría de las ocasiones, confundirlo con otras cosas. Igualmente, se suele escuchar con bastante frecuencia, cómo se apela al término ‘libertad’ en algunas situaciones, cuando, en realidad, se trata de una demanda que surge más como un sentimiento individual de la persona por reivindicar su derecho legal de expresarse y actuar conforme a sus ideas, que en base a un conocimiento real y verdadero del significado de este término.

La ‘libertad’, como hecho ético, ostenta un significado filosófico concreto y, además, no tiene una única definición ni es algo consensuado por todos los pensadores y filósofos de la historia.
Es cierto que vivimos en una sociedad de libertades, pero, igualmente, en una sociedad de obligaciones y responsabilidades. Todos tenemos derecho a disfrutar de una serie de libertades que, entre otras cosas, nos garantizan las necesidades más básicas que todo ser humano precisa para realizarse tanto material como humanísticamente. Disfrutamos del derecho a la vida, del derecho a una protección, del derecho a una sanidad, del derecho a una educación y, sobre todo, disfrutamos del derecho a la libertad de ideología, pensamiento y creencia.
Pero debemos saber, que si hablamos desde una perspectiva ética – que es la que sostiene el significado más amplio y profundo del concepto ‘libertad’ –, ser ‘libre’ no consiste en vivir en una sociedad que te permite garantiza el derecho a elegir unas ideas y a expresarlas, sino en la acción filosófica y racional que toda persona debe plantearse para ejercer un comportamiento moral propio, derivado de sus propios juicios y valoraciones éticas. Lo primero sería el medio y, lo segundo, el fin.

Debemos saber, que aunque una persona sea libre en su comportamiento y en su obrar, ello no implica que sus palabras y sus acciones se ajusten a un posicionamiento ético previo. De ahí que podamos encontrar que el comportamiento de una persona pueda tener más peso ético al adoptar una actitud amoral, que aquella que obra movida únicamente por lo que su deseo le dicta.

lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS PRIMEROS EN EL ISLAM EN ...

He aquí, una serie de datos conocidos en la cultura islámica como: "los primeros". Estos datos recogen aquellas personas o aquellos sucesos relacionados con el Islam acontecidos por primera vez en la historia, la comunidad y la cultura islámica.


El profeta Mujámmad – la paz y las bendiciones sean con él – fue o será el primero en:

o   El primero en acceder a todos los cielos.
o   El primero en salir de la tumba el día del Juicio.
o   El primer intercesor y el primero a quien se le concederá la intercesión de Al·lâh.
o   Abrir las puertas del Paraíso.

 El primer hijo del profeta Mujámmad fue: Alqâsim, de su esposa Jadîÿah.

-         La primera batalla en la que participó el profeta Mujámmad: Alabwâ.

-  La primera jutba realizada el día del viernes por el profeta Mujámmad: en la tribu de Banû Sâlim.

-         El primer regalo que se le hizo al Profeta en Medina: una onza de pan que le dio Zaid Ibnu Hârizah.

    La primera aleya descendida del Corán: “Lee en el nombre de tu Señor que ha creado” (Sura: el coágulo).

-         La primera azora en ser revelada por completo: la azora “El arrebujado

LOS COMPAÑEROS
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      La primera persona y, primera mujer, en entrar al Islam: Jadîÿah, la esposa del profeta Mujámmad.

-       El primer hombre en entrar al Islam: Abû Bakr Assiddîq.

-       El primer esclavo en entrar al Islam: Zaid Ibnu Hârizah.

-  El primero de los Auxiliadores (ansâr) en entrar al Islam: Ÿâbir Ibnu ‘Abdil·lâh.

- El primero en entrar al Islam tras los Auxiliadores (ansâr) y la gente del Yemen: ‘Abdulqais.

- El primer niño que nació en Medina tras la Hégira: ‘Abdul·lâh Ibnu Azzubair.

-     El primero en recitar el Corán en público: ‘Abdul·lâh Ibnu Mas‘ûd.

-     El primero en memorizar el Corán por completo: ‘Alî Ibnu Abî Tâlib.

-    El primer Emigrado (muhâÿir) que murió en Medina: ‘Uzmân Ibnu Mađ‘ûn.

-    El primer Ramadán que ayunaron los musulmanes: en el año 2 de la Hégira.

-    El primer musulmán en emigrar a Abisinia (Alhabaŝah): Hâtib Ibnu ‘Amr.

-    El primer almuédano del Islam: Bilâl Ibnu Rabâh el abisinio.

-    El primero que instauró la casa de la hacienda de los musulmanes (bait mal almuslimîn): ‘Umar Ibnu Aljattâb.

-     El primer jinete en combatir por la causa de Al·lâh: Almiqdâd Ibnu Alaswad.

- El primero en lanzar una flecha por la causa de Al·lâh: Sa‘d Ibnu Abî Waqqâs.

-  El primer estandarte que se utilizó en una batalla lo portó: Hamzah Ibn ‘Abdilmuttalib.
      
       El primer jalifa en el Islam: Abû Bakr Assidîq.

-    El primer jalifa en ser llamado “Emir de los creyentes”: ‘Umar Ibnu Aljattâb.

-         El primero en recopilar el Corán en un único volumen: Abû Bakr Assidîq.

-         El primero que utilizó el nombre de Al·lâh en el título de jalifa: Almu‘tasim bil·lâh (El aferrado a Al·lâh).

-         La primera batalla naval de los musulmanes: en época de ‘Uzmân en el año 34 de la Hégira.

-   El primero en realizar la jutba del viernes sentado: Mu‘âwiyah Ibnu Abî Sufiyân.

-  El primero que llamó al Corán “el volumen” (mushaf): Abû Bakr Assiddîq.

-      El primero que instauró las dos unidades de la zalá (rak‘atain) antes de saber que se va a morir: Jubaib Ibnu ‘Adiy.

-      El primero que entrará en el Paraíso, de entre los musulmanes, después del profeta Mujámmad: Abû Bakr Assidîq.

-   La primera batalla entre los musulmanes y los bizantinos: la batalla de Mutah.

-   El primero en poner esterillas en la mezquita para la zalá: ‘Umar Ibnu Aljattâb.

-   El primero en instaurar en Medina el registro civil (dîwân): ‘Umar Ibnu Aljattâb.

-        El primero en instaurar en Basora el registro civil (dîwân): Almugîrah Ibnu Ŝu‘bah.

-         El primer Compañero del Profeta en ser enterrado en Kufa (Iraq): Jabâb Ibn Alart.

-         El primero en saludar dando la mano al llegar a Medina: la gente de la tribu Aŝ‘arî y, entre ellos, se encontraba Abû Mûsà Alaŝ‘arî.

-     El primero en quitarse las sandalias al entrar en la Cahaba: Alwalîd Ibnu Almugîrah.

-         El primero en heredar según la legislación islámica: ‘Adî Ibnu Fađâlah.